miércoles, 14 de mayo de 2025
Entrevista a Agatha Christie
**Entrevista con Agatha Christie: Un Viaje al Corazón de la Arqueología y la
Vida en Oriente Medio** Agatha Christie, célebre autora de novelas policíacas,
nos recibe con la calidez y el ingenio que destilan las páginas de su libro *Ven
y dime cómo vives*. En esta crónica, publicada en 1946, narra con humor y
agudeza sus experiencias acompañando a su esposo, el arqueólogo Max Mallowan, en
excavaciones en Siria e Irak durante los años treinta. Hoy, exploramos su faceta
menos conocida: la de una mujer que abrazó la vida arqueológica con entusiasmo,
enfrentándose a retos culturales, climáticos y cotidianos con una perspectiva
única. A continuación, quince preguntas que desentrañan sus vivencias, sus
reflexiones sobre la arqueología y su amor por las tierras de Mesopotamia. ---
**1. Sra. Christie, ¿qué la llevó a acompañar a su esposo Max Mallowan en sus
expediciones arqueológicas en Oriente Medio?** Oh, todo comenzó con una feliz
casualidad en 1930, cuando visité Bagdad y conocí a los Woolley en Ur. Max,
entonces asistente de ellos, me escoltó en un viaje de regreso, mostrándome
maravillas por el camino. Nos casamos ese mismo año, y no vi razón para quedarme
en casa mientras él desenterraba el pasado. La arqueología era su pasión, y yo
quería compartirla. Además, ¿quién podría resistirse a la aventura de vivir en
tierras tan remotas, rodeada de historia viva? --- **2. En *Ven y dime cómo
vives*, describe con humor los preparativos para viajar a Siria. ¿Qué fue lo más
desafiante de organizar estas expediciones?** ¡Los preparativos eran un caos
glorioso! Comprar ropa adecuada en pleno otoño para un clima cálido era una
odisea. Las tiendas ofrecían “trajes de crucero” para jovencitas esbeltas, no
para una mujer práctica como yo, buscando shantung lavable. Luego, las maletas
de Max, repletas de libros, desafiaban la física y la paciencia de cualquier
taxista. Pero lo peor era mi bolsa con cremallera: parecía tan sencilla en la
tienda, pero cerrarla, ¡un milagro titánico! Creo que juré no abrirla hasta
llegar a Siria, aunque, claro, eso era imposible. --- **3. ¿Cómo describiría la
experiencia de viajar en el Orient Express hacia Estambul?** El Orient Express
es pura magia. Desde el momento en que subes en Calais, sientes que estás
entrando en una novela. El traqueteo, que pasa de un *allegro con furore* a un
*legato* mientras cruzas Europa, es hipnótico. Ver las montañas suizas al
amanecer, el lago azul de Stresa, o las estaciones yugoslavas con nombres
impronunciables… es como si el tren te llevara no solo a otro lugar, sino a otro
tiempo. Aunque confieso que las aduanas turcas, con sus preguntas sobre mis
zapatos o el polvo para chinches, añadían un toque de comedia. --- **4. ¿Qué
papel jugó en las excavaciones? ¿Se sintió parte del equipo arqueológico?** Fui
una ayudante entusiasta, aunque nunca me consideré arqueóloga. Catalogaba
hallazgos, etiquetaba fragmentos, revelaba fotos sin cuarto oscuro –un desafío
en sí mismo– y, en Nimrud, limpiaba delicados marfiles con un plumero, sonriendo
ante su belleza antigua. También mantenía el orden doméstico, asegurándome de
que todos comieran bien. Pero, en el fondo, me sentía como una espectadora
privilegiada, fascinada por el proceso, aunque mi corazón siempre estaba con mis
historias. --- **5. ¿Qué aprendió sobre la vida cotidiana de las civilizaciones
antiguas a través de los hallazgos arqueológicos?** Lo que más me cautivaba era
la vida diaria: los pucheros de cocina, las agujas de hueso para coser, los
pendientes de oro de una dote. Esos objetos cuentan historias de alfareros,
granjeros, artesanos… del carnicero, el panadero, el fabricante de candeleros,
como digo en el libro. Los palacios y templos son espectaculares, pero son las
cosas comunes –las ollas que compraban en la “alfarería de la esquina”– las que
te hacen sentir que esas personas no eran tan distintas de nosotros. --- **6.
Describe con gran detalle los paisajes de Siria e Irak. ¿Qué le transmitían esos
lugares?** Los paisajes de Mesopotamia son de una belleza austera y evocadora.
El Jabur, con sus suaves colinas y tells, me llenaba de paz. Recuerdo un picnic
con Max en el saliente de un volcán, rodeados de flores, donde sentí una oleada
de felicidad absoluta. El Gaggag, con sus aguas pardas, tenía un encanto
melancólico, mientras que Ras Samra, con su bahía de aguas azules y arenas
blancas, era un sueño. Estos lugares te hacían sentir pequeño ante la historia,
pero también profundamente conectado a ella. --- **7. ¿Cómo era convivir con las
comunidades locales, como árabes, kurdos o yazidíes?** Era un mosaico de
culturas fascinante. Los kurdos, con sus ropas coloridas y sonrisas radiantes,
traían alegría al paisaje. Los árabes y yazidíes, con su dignidad y sentido del
humor, me enseñaron a ver la vida con ligereza. Recuerdo a los ancianos de barba
blanca guiando burros, ajenos a las guerras del mundo, viviendo con una
simplicidad que envidiaba. A pesar de las diferencias culturales, siempre
encontré calidez y hospitalidad, aunque a veces tuviera que negociar con gestos
o pantomimas. --- **8. En el libro, menciona incidentes cómicos, como los
problemas con la fontanería. ¿Cómo enfrentaba los retos prácticos de la vida en
el desierto?** Con una buena dosis de humor y una taza de té, ¡por supuesto! La
fontanería era un desastre: grifos que daban agua hirviendo cuando querías fría,
o bañeras con pestillos atascados. En Beirut, mi lavabo parecía moderno, pero el
depósito estaba lleno de agua estancada. Aprendí a reírme de estas cosas. Si un
reloj se paraba en el desierto –y créame, todos lo hacían–, pasaba al siguiente.
La clave era no tomarse los contratiempos demasiado en serio; después de todo,
¿qué es una cremallera rebelde comparada con desenterrar un amuleto de hace
milenios? --- **9. ¿Qué anécdota de sus viajes le provoca más risas al
recordarla?** Oh, la historia de Subri y el dentista en Alepo es imbatible.
Subri, con un dolor de muelas atroz, regateó con el dentista hasta que, por el
precio de sacar una muela –dieciocho francos–, convenció al hombre de extraerle
cuatro. ¡Tres de ellas no le dolían, pero él, triunfante, dijo que así “nunca le
dolerían”! Su lógica económica, celebrada por Michel con un “beaucoup économie”,
era tan absurda que no podía parar de reír. Subri era un personaje inolvidable.
--- **10. ¿Cómo influyeron estas experiencias en su escritura?** Las tierras y
gentes de Oriente Medio se filtraron en mis historias, aunque de forma sutil. La
atmósfera de misterio, los paisajes vastos y antiguos, inspiraron escenarios
como el de *Asesinato en Mesopotamia*. Pero más que eso, la arqueología me
enseñó a observar los detalles, a reconstruir una historia a partir de
fragmentos, como hago con las pistas en mis novelas. Y, claro, los personajes
que conocí –desde jeques hasta capataces– me dieron un arsenal de personalidades
para mis libros. --- **11. En el libro, dedica un poema parodiando a Lewis
Carroll. ¿Qué la inspiró a escribirlo?** Estaba sentada en un tell, observando a
Max y sus colegas absortos en sus “cacharros antiguos”, y no pude resistirme a
la tentación de burlarme un poco. La arqueología tiene algo de absurdo y
maravilloso, como el mundo de Alicia. Quise capturar esa mezcla de erudición
seria y caos cotidiano: un joven erudito, con “palabras largas y sabias”,
buscando objetos de hace cinco mil años mientras yo, con mi mente en venenos y
millonarios, solo quería saber “¿cómo vives?”. Fue un guiño juguetón a nuestra
vida. --- **12. ¿Qué sintió al escribir *Ven y dime cómo vives* durante la
guerra?** Escribirlo fue un parto de amor, como digo en el epílogo. Empecé antes
de la guerra, pero lo retomé en 1944, en un Londres marcado por el conflicto.
Mis pensamientos volaban a Siria, a esos días de sol y tells, a la generosidad
de su gente. Escribir era una forma de aferrarme a algo imperecedero, de
recordar que, a pesar de todo, la vida seguía en esos lugares. Fue
reconfortante, un antídoto contra la tristeza de la guerra. --- **13. ¿Cómo
manejaba las tensiones culturales, como el incidente con la dueña del burdel en
‘Ain el ‘Arus?** Con diplomacia y un toque de humor británico. Ese incidente fue
extraordinario: una mujer, digna y religiosa, defendiendo el honor de su burdel
con fervor bíblico. Max resolvió el asunto con justicia salomónica,
compensándola por el dinero “robado” por Subri, pero dejando claro que nuestros
sirvientes no volverían a su casa. Me impresionó su mezcla de rectitud y
pragmatismo, como una Rajab moderna. En esos momentos, aprendías a escuchar,
respetar y, a veces, simplemente maravillarte. --- **14. ¿Qué le enseñó la
arqueología sobre la muerte, especialmente tras el trágico accidente en Tell
Brak?** El accidente en Brak, donde tres trabajadores murieron por un
deslizamiento, fue desgarrador. Pero me impactó la actitud de los demás: reían,
cantaban, diciendo “Yusuf Daoud estaba ayer, hoy está muerto, ¡ja, ja, ja!”. Max
me explicó que, para ellos, la muerte no era importante. No era indiferencia,
sino una aceptación profunda de la vida tal como es. La arqueología, al
desenterrar vidas pasadas, también te enseña que la muerte es solo una parte del
ciclo, no el fin de la historia. --- **15. En el epílogo, expresa su amor por
Siria y su esperanza de volver. ¿Qué significaba ese país para usted?** Siria
era un lugar de libertad, de simplicidad y de una alegría que no he encontrado
en ningún otro sitio. Sus gentes, con su dignidad y humor, me enseñaron a
disfrutar de lo esencial. Los tells, el Jabur, las caléndulas en flor… eran un
refugio para el alma. Escribí “Inshallah, volveré”, porque creía que ese país y
su espíritu perdurarían. Aunque la guerra trajo incertidumbre, mi amor por Siria
sigue intacto, como un tesoro que guardo en el corazón. --- **Conclusión**
Agatha Christie nos deja con una sonrisa y una reflexión: la vida, como la
arqueología, es un mosaico de fragmentos que, al unirse, revelan historias de
una belleza inesperada. En *Ven y dime cómo vives*, no solo nos lleva a los
tells de Siria e Irak, sino que nos invita a mirar el mundo con curiosidad,
humor y un corazón abierto. Su legado, más allá de sus novelas, es esta crónica
de amor por un país y una forma de vida que, como ella misma escribió, nunca
perecerán.
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